Biblioterapia: Que alguien robe el mes de abril.

29 de marzo de 2025

Por: Paola Tinoco

Para Sergio González Rodríguez
Está muy cerca el temible 3 de abril. El año pasado no subí una foto ni escribí comentarios acerca del aniversario luctuoso de Sergio González Rodríguez, admirado escritor y gran amigo, familia del alma.

Me entretuve tanto en la preparación de lo que iba a publicar, buscando y encontrando fotografías de años de aventuras, complicidad y amistad. También pasó por mi cabeza la pregunta ¿qué habría hecho él en pandemia? ¿En cuántos caracteres con espacios habría destruido los argumentos de un gobierno adverso a la cultura? Como el que vivimos ahora. Hace casi un año, olvidé exhibir mi dolor como se estila, en redes sociales. En lugar de eso, envié las fotografías entrañables a los amigos que aparecieron en nuestros distintos escenarios. Para que lo recordaran como yo lo recuerdo siempre. No solo al Sergio del periódico Reforma, ni al cronista e investigador incansable, tampoco al novelista, al Sergio de los Bajos fondos. Pienso en el Sergio generoso de su tiempo y a veces hasta de su economía con tal de ayudar a alguien.

Prefiero hablarte en el silencio de mis pensamientos que postear tristezas en Facebook o Instagram, Serge querido. Nos veo en el Giardinetto o en alguno de esos otros restaurantes a los que nos llevaba Jorge Herralde cuando lo visitábamos en Barcelona. Comíamos y bebíamos como reyes (palabras tuyas), porque no sabías y no querías vivir de otra manera ¡Ah! me detengo en la marea de recuerdos que se agolpan cuando se trata de pensar en ti y nuestra Barcelona. En la cena que organizó Anagrama después de la presentación de Huesos en el desierto en la Casa de América.

Nos fuimos andando con Jorge, Lali, Juan Villoro y Margarita Heredia. Allá llegaron Enrique Vila Matas, Paula Massot y Roberto Frías. Mi estómago sentía los arañazos de la gastritis pero trataba de poner buena cara. No me sabía la comida, no hablaba, solo escuchaba el pin pon que iba de Villoro a Herralde, de Herralde a ti, luego tú con Vila Matas, de él a Margarita y luego a Lali, quién junto con Frías, generosamente se turnaba hablar conmigo a pesar de mi estado.

También en temas de salud eras mi salvación, pero hay qué ver la clase de médico que eras y lo que recetabas. Tómate un vodka con jugo de limón y agua natural, indicaste. Después de tu brebaje, que no era otra cosa sino un Vodka Ricky pero con agua natural, pude comer todas las tapas que sirvieron el resto de la noche, jamones belloteros, chipirones, sobrasada y pimientos rellenos, no recuerdo qué más. Con semejante elenco, la charla dio para llegar a altas horas sin que dejara de fluir la conversación, Bolaño incluido. Fue el viaje en que ambos lo conocimos personalmente y el trasiego de botellas de tinto y otras bebidas espirituosas hasta que nos echaron del restaurante. Las parejas se despidieron y los tres solteros nos fuimos a buscar otro lugar para seguir bebiendo.

Tú le dijiste a Roberto, traductor mexicano, avecindado en Barcelona por entonces, que querías probar el absenta porque nos contó que por esos días (noviembre de 2002) todos en España estaban locos por esa bebida, pero en realidad no era tan fácil conseguirlo. Después de mucho caminar, llegamos a un billar con bar en el Raval. Ni siquiera tenía un letrero, el bar cobraba, asignaba las mesas de billar y servía los tragos. Confiamos plenamente en lo que nos sirvió. Yo nunca lo había probado, lo fui bebiendo a traguitos cortos, espaciados, estaba amargo - dulzón, por el azúcar derretido en la cuchara perforada, recostada sobre un vaso de vidrio grueso. Al mismo tiempo que daba sorbos, repasaba contigo y con Frías la lista de amistades que teníamos en común.

Ninguno de los dos recuerda cómo fue que empezamos a discutir, alguna de esas cosas absurdas que llevábamos a las últimas consecuencias solo por divertirnos con un invitado ingenuo a nuestro show. Después de eso me recuerdo corriendo en la calle. A Frías detrás de mí, diciendo que el barrio era peligroso y yo respondiendo que no exagerara, el Raval no era Tepito. A ti, corriendo detrás de nosotros. Black out, si tú te acuerdas qué sucedió en ese inter, cuéntamelo bonito. Varias horas después, estábamos tú y yo en un café de Gracia, destruidos, tomando fuerza para seguir la aventura rumbo a Blanes. Y ese sólo fue nuestro primer viaje juntos.

"Abril es el más cruel..." dice T.S. Eliot en su poema Tierra baldía. Lo leo de pasada pero de pronto se acerca abril y yo no quiero decir nada, me haré la loca hasta la segunda semana, aunque preferiría hacer como si no existiera tal fecha, a ver si desaparece tu ausencia. Seguramente habrías reescrito ese poema como "... abril ya no tiene el brío de antaño" y es verdad. El encierro nos frenó y ahora vivimos en una rutina que no hubieras imaginado. Tú ya no estás, tu carnalito Armando Vega Gil decidió partir en el mismo mes, dos años y dos días después que tú. Abril ya no me interesa. Quiero que alguien me lo robe y no lo devuelva jamás.

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