É o golpe

La nueva dictadura en Brasil 

Modernidad Medieval

Por: Airy Sindik

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9 de agosto de 2016.- ¿Escuchaste? ¿Qué? El agua, se está yendo el agua; ya vienen. Es brincadeira tuya. No, no estoy jugando, ya vienen.

Mire, me mandaron una foto, Gisele usaba una falda negra y una blusa roja, Mire. En la fotografía la muñeca de Gisele deslumbraba con un brazalete de bisutería que había comprado subiendo desde el Mercadão, Tiene 22 años y ela gusta bailar. ¿Por qué pregunta a mí? ¿no me está escuchando?.

En las noticias apresuraban las sección política y dejaban con toda la paciencia las imágenes de la inauguración. Era increíble ver los colores y los fuegos artificiales sobre el estadio. Podían deslumbrar los ojos de los turistas que paseaban protegidos por la policía.

Escuchas, es el tren, son las vías del tren. Estamos cerca da Luz, estoy segura. No molestes, no más; déjame dormir. Estamos cerca de la estación, estoy segura. Y si sí qué, ¿para onde vamos agora?  dorme embora. Ya vienen, es el agua, la cortan cuando van a venir.

El impeachment había sido aprobado, las protestas contra Temer fueron disueltas inmediatamente pero en las noticias la proeza de las olimpiadas saturaba los comerciales, las tiendas, los encabezados. É asim señora, no están aquí, seus filias no fican aquí. Pero me marcó, me dijo que la habían detenido; su celular, su iPhone, mi sobrino me dijo que lo encontró aquí. Señora ésta es una oficina de correos, aquí no detenemos a las personas.

Son fantasmas. ¿Quiénes? Los que vienen. No se siente que sean fantasmas. ¿Estas bien? Me duele mucho. Intenta dormir, ponte esto, para que dejes de sangrar; si los escucho de nuevo te despierto. Si los escuchas de nuevo mátame. Es la Luz, es la estación de La Luz, estoy segura.

No vamos a ser gobernados por pobres, mujeres o negros. Brasil no es para ese tipo de gente, van a destruirlo con sus ideas. Gritaron mientras las pateaban en el suelo. Amaranta y Gisele caminaron por la Paulista hasta el metro. Ese fue el primer día de gobierno. Por Brasil, gritaban otros, por mis padres y mis amigos. Esos que habían estado en los contratos de construcción cuando la junta militar, también cuando el mundial, y ahora en Río.

Solo estudiaban, Cecilia, solo estudiaban, mis hijas no eran unas cualquiera, no lo eran, me dijo. Sonó el teléfono. La casa vacía y sin barullo comenzaba a expandir la ausencia de aire y de tiempo. Oi, Tiago, no se ha movido el celular. No tía, sigue ahí donde te dije. Ya fui pero es solo una oficina de correos. Están ahí, tía por lo menos el celular ahí marca. Colgó y continuó afirmando quienes eran sus mininas.

¡Gisele, Gisele! Eran los gritos de la madre frente a las oficinas de correos, cerca de la estación da Luz. Un balde de agua le aventaron. Después el guardia de seguridad la empujó hasta tirarla al suelo cerca de un habitante de calle que le ofreció ayuda para levantarse. Intentó gritar nuevamente pero le tapó la boca, Escuche señora, escuche, es el agua, la cerraron, ya vienen, la cerraron. Ella se alejó del mugroso indigente que apestaba. Las lágrimas y la desesperación remplazaron su voz que dejó de hacer ruido. Ya vienen, gritó el deshumanizado loco de calle, ¡Ya vienen!

Escuchas. ¿Qué? Cortaron el agua…

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