Por: Mario Edgar López Ramírez
3 de agosto de 2025.-Una de las estrategias del poder autoritario e impositivo es reducir la fuerza del pensamiento de las personas lúcidas, de tal forma que se vuelvan inofensivas.
Durante las últimas semanas diversos medios periodísticos a nivel mundial han informado que el actual gobierno de los Estados Unidos desclasificó unas 243 mil páginas relacionadas con el asesinato de Martin Luther King.
Todos los informes que he leído al respecto exponen datos superficiales, desde mi punto de vista, que lo único que buscan es seguir con una estrategia que Washington ha mantenido durante las últimas décadas: desvirtuar la potencia de la lucha por los derechos civiles encabezada por el Dr. King.
Hace algunos años comencé a comprender dicha estrategia durante los mandatos de George W. Bush y del propio Barack Obama. En 2008, como cada tercer lunes de enero, según marca el calendario de conmemoraciones estadounidenses, el presidente Bush celebró el día dedicado a esta potente figura de la resistencia afroamericana al pedir a los estadounidenses que “recordaran al célebre activista ayudando a las personas necesitadas” porque “al querer al vecino como a uno mismo, dando al que padece y viviendo una vida de gratitud y compasión, podemos convertir Estados Unidos en un mejor lugar y cumplir el sueño de Martin Luther King”, según dijo al inaugurar una biblioteca en la capital del imperio.

WHITE HOUSE PHOTO BY TINA HAGER
Proclaiming today a holiday in honor of Martin Luther King, Jr., President George W. Bush receives a portrait of the civil rights leader from his wife and children in the East Room Jan. 21, 2002.
Pero mi peor sorpresa vino en 2011, también en un tercer lunes de enero. Para conmemorar ese día de dedicación nacional, Barack Obama, el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos, visitó la escuela secundaria Stuar Hobson en la capital estadounidense y participó en un evento privado que consistía en pintar la cafetería de la escuela. Esto lo hizo en honor a Luther King en un acto en el que participó también la primera dama.
En la foto publicada por diversos medios internacionales, se observa al mandatario coloreando con amarillo uno de los dibujos animados que lustran las paredes del lugar. Ante un reducido grupo de periodistas que lo acompañaban Obama declaró que este tipo de trabajos comunitarios “son un ejemplo de lo que debería ser el natalicio de Luther King”, ya que, aun cuando los sueños de King fueron de justicia y equidad social “él también soñó con (una cultura de) servicio, donde la gente haga su aporte a la sociedad”.
Martin Luther King fue premio Nobel de la paz en 1964 y figura clave de la transformación social de los Estados Unidos, que en la década de los 60 del siglo XX, libró una decidida batalla contra la discriminación racial de forma pacífica, la cual se vuelve tan importante recordar en estos días de persecución de migrantes encabezada por el presidente Donald Trump.
Aunque las palabras de Bush y Obama que he citado parecen halagadoras, no deja de sorprender la superficialidad y la manipulación que traslucen ya que en realidad rebajan la potente exigencia de justicia y equidad que reclamó el reverendo King durante su gesta, la cual lo llevaría a ser asesinado un 4 de abril de 1968, a manos de un matón de la derecha radical estadounidense.
Ayudar desinteresadamente no es una causa que comúnmente ponga en riesgo la vida, pero intentar liberar al oprimido del sistema que le domina, sí lo es. Ahí está la clave y la diferencia que Bush y Obama desdibujaron con sus versiones livianas.
Martín Luther King, desde una lúcida reflexión personal, confrontó las principales ideas e instituciones de poder que en su época justificaban la segregación racial. Eso fue lo fundamental de su aporte: comprender y desarmar las poderosas narrativas que justificaba la segregación racial y así desnudar una visión legal y moral que estaba al servicio del poder.
¿Qué historia tratan de extraviar las representaciones inofensivas que propusieron los presidentes Bush y Obama en su momento? Recordemos. Desde 1896 el gobierno de los Estados Unidos había justificado, bajo presión de grupos racistas, una doctrina legal según la cual, si bien “los hombres” eran iguales entre sí, la providencia y la naturaleza los habían separado en razas, por lo cual el orden, la moral y el bienestar público debían basarse en la sana diferenciación entre blancos y negros.
La doctrina de “separados pero iguales” era el discurso que permitía diversos abusos de las personas blancas contra las negras, como la asignación de lugares de privilegio para las personas de raza blanca (espacios especiales en los trenes, los autobuses, las calles y las oficinas).
Esta doctrina fue aceptada pasivamente por las comunidades negras del sur, a lo largo de 60 años. Se trataba de un poderoso efecto paradigma (ese efecto que se instala en la mente de los dominados, introduciendo un conjunto de ideas aparentemente razonables, capaces de disuadir cualquier oposición al régimen que ejerce el control sobre ellos). Pero las cosas comenzaron a cambiar a partir de un hecho inusual.
Rosa Parks, una trabajadora de la industria costurera, residente de Montgomery, Alabama, regresaba a su casa un primero de diciembre de 1955. Cansada del trabajo, la señora Parks tomó el autobús y se sentó en la parte destinada para los negros, un asiento atrás de la zona exclusiva para blancos.
Unos minutos después, el conductor le indicó que debía levantarse de su lugar para cederlo a los pasajeros blancos que subían en ese momento al autobús. Todos los pasajeros negros que estaban sentados en esa fila obedecieron a la orden, tal como era la costumbre, pero Rosa Parks se negó a hacerlo porque le pareció una acción injusta. El resultado: la señora Parks fue detenida bajo los cargos de violación a las leyes de segregación racial, que estaban vigentes en diversos estados del sur de los Estados Unidos.
En respuesta, varios dirigentes de la comunidad afroamericana organizaron un boicot contra el servicio de autobuses de la ciudad. Entre estos líderes destacaba un joven pastor bautista, radicado en Alabama: el Dr. Martin Luther King. El boicot fue todo un éxito, contando con prácticamente el total apoyo de los trabajadores negros que usaban este medio de transporte. El incidente de la señora Parks fue “el incidente decisivo”, tal como lo llamó el propio reverendo King. De ahí se inició una fuerte organización de resistencia pacífica, para exigir un trato igualitario entre los grupos raciales.
A partir del caso Park, del boicot de los autobuses y de la influencia de pensadores como Mahatma Gandhi y del propio Abraham Lincoln (prócer fundador que abolió la esclavitud en 1862), Luther King fue desarrollando un sistema de discernimiento ético y político para combatir el paradigma de la segregación racial, que tenía dominada la conciencia de su comunidad.
Ante la reacción de los grupos racistas blancos, así como de diversos sectores moderados de la sociedad norteamericana, quienes acusaron al boicot de ilegal, inmoral y anticristiano, Luther King comenzó un ejercicio de pensamiento personal; que es fundamental para comprender porqué los ciudadanos negros se sintieron convocados a su lucha, pese a los riesgos que implicaba.
“Hasta ese momento había aceptado sin críticas este método –el boicot- como nuestro mejor medio de acción”, escribía el Dr. Martin Luther King, “ahora empezaban a atormentarme algunas dudas. ¿Estábamos siguiendo un sistema de acción ético? ¿Es el sistema de boicot básicamente anticristiano? ¿No supone un enfoque negativo del problema?... e incluso, si de tal boicot obteníamos resultados prácticos duraderos ¿Podrían unos medios inmorales justificar fines morales? Cada una de estas preguntas exigía una contestación honesta... debía reconocer, además, que estos métodos eran utilizados por los Consejos de ciudadanos blancos –un grupo racista radical-, para privar a muchos negros, así como a personas blancas de buena voluntad, de las necesidades básicas de la vida”.
En estas preguntas estaba reflejada la lucha política interna que Luther King libró con su propio efecto paradigma. La conclusión de esta guerra interior fue la siguiente: “dando más vueltas a mi cabeza, llegué a comprender que lo que realmente estábamos haciendo era negar nuestra cooperación a un sistema injusto; más que retirar nuestro apoyo económico a la compañía de autobuses (que siendo una expresión externa del sistema, sufría naturalmente), nuestro objetivo básico era negar la cooperación al mal… simplemente estábamos diciéndole a la comunidad blanca ‘no podemos prestar por más tiempo nuestra cooperación a un sistema injusto’; sentí que algo me decía: ‘quien acepta el mal pasivamente es tan culpable como el que ayuda a perpetrarlo. Quien acepta el mal sin protestar, realmente está cooperando con él’. Cuando las gentes oprimidas aceptan con gusto su opresión, solo sirven para dar al opresor la conveniente justificación… de este modo, para ser sinceros ante Dios, un hombre recto no tenía más alternativa que negarse a cooperar con un sistema injusto”.
El efecto paradigma había sido roto, en medio de un discernimiento solitario. Ahora iba a extenderse como un fuego que rompería de dominación las conciencias. ¡Qué gran diferencia entre esta reflexión de Luther King y la interpretación de Bush y Barack Obama!, expuesta hace unos años y mantenida hasta la fecha por Washington y sus nuevas revelaciones.
Bush y Obama propusieron una visión rebajada, una que es fácil de someter, endulzándola y quitándole el grado de peligrosidad que implica frente a los intereses de los poderosos. Es claro que el pensamiento de Luther King sigue siendo potente y rebasa al mero servicio comunitario y que es su determinación ética de no colaboración con lo injusto, lo que se debe realmente conmemorar.
En su discurso público más famoso, el Dr. Luther King expresó: “he tenido un sueño… que un día allá abajo en Alabama, con sus racistas despiadados, con su gobernador que tiene los labios goteando con las palabras de interposición y anulación, que un día, justo allí en Alabama niños negros y niñas negras podrán darse la mano con niños blancos y niñas blancas, como hermanas y hermanos”. Ese, y no otro, fue y sigue siendo el verdadero sueño de Martin Luther King.
















